El Grupo de Barranquilla
El periodista bogotano Prospero Morales Pradilla fue el primero en hablar del Grupo, que luego Germán Vargas, nombraría “de Barranquilla” …
La Cueva : Entre Victoria y 20 de julio
En este cruce de calles, límite entre los tradicionales barrios Boston y Recreo funcionaba, hacia 1954, la tienda El Vaivén, propiedad de Eduardo Vilá Fuenmayor , primo de Alfonso Fuenmayor . Durante una visita al “Vaivén”, Álvaro Cepeda y Alfonso Fuenmayor, analizaron las posibilidades etílicas del lugar y convencieron a su propietario de rematar, e inclusive, botar todos los abarrotes que exhibía, para convertirla de inmediato en el Bar La Cueva.
Así, casi como todas las historias del Grupo, empezó este Bar, que sin más ni más reunió a cazadores e intelectuales en un ambiente mamagallista y cervecero.
La Cueva nació y se formó mientras Alejandro Obregón estaba a punto de regresar a Europa y Gabito se acababa de ir a Bogotá. Ramón Vinyes había muerto dos años atrás en Barcelona y José Felix Fuenmayor se había retirado a su finca en Galapa. Así que el alma de este tertuliadero y bebedero eran Alfonso, Álvaro, Germán Vargas y Enrique Scopell, que en 1958 se trasladaría a Miami
A la Cueva no iban las señoras, lo que dio lugar a toda clase de historias, en parte ciertas, a las que seguramente se les ha agregado el toque de fantasía que no falta en estas tierras. Las únicas mujeres que osaron entrar a La Cueva fueron las artistas, consideradas miembros del Grupo: Cecilia Porras y Feliza Bursztyn.
Interrogada sobre el refugio de su esposo, el pintor Alejandro Obregón, Sonia Osorio cuenta – como un chisme y en voz baja- que “tenían colección de calzoncitos de mujeres colgados del techo, como botines de guerra” y ese es sólo uno de los múltiples mitos alrededor de La Cueva.
En este espacio, los locos amigos del Grupo de Barranquilla, además de beber y tertuliar sobre temas diversos, creaban los platillos más exquisitos e impensados. Con Alejandro Obregón a la cabeza, prepararon el cochinillo de veinte días en sal y carbón, el bocachico relleno al guiso, el pollo ahumado, el sancocho trifásico, el poderoso sancocho de sábalo bañado en leche de coco, el infaltable mote de queso con ñame, la irrepetible Bougeabesse de Álvaro Cepeda, entre otros experimentos, menos convencionales, como el sancocho al que Gabo le agregó nada más ni nada menos que un loro , o el paco paco amaestrado que de un tajo se comió Obregón, sin rechistar.